Semilla - Cortometraje


En el camino a establecer mejores dinámicas para relacionarnos románticamente, durante el periodo que comprende entre el dejar las prácticas adolescentes y comenzar a tratar de entender los motivos del otro es de los momento más desconcertantes que cualquier persona puede vivir.

El enamoramiento que se da en este tiempo se viste de un carácter dubitativo debido a que al querer mantener un eje en uno supone a su soledad como eje al momento en que uno transita hacia el querer estar preparado para establecer compromisos con condiciones y acuerdos mucho más perenes, sostenidos, a su vez, en la permanencia del conjunto de valores a los que cada uno les ha dado lugar e importancia a lo largo de su existencia y experiencia.

No es un momento fácil, ya que, tanto la racionalidad como las emociones deben de tener o pretender dirigirse a un estado de madurez en comprensión de los estados propios y del otro, así como deseos, metas, compromisos y formas de ser.

Es un periodo convulso ya que no sólo está en juego la creación de una personalidad como sucede a lo largo de la adolescencia, sino que se distinguen elementos en donde esta, la personalidad, puede y debe permanecer a través y a pesar del conflicto de intereses que se genera cuando dos voluntades formalmente hechas y con sus respectivas complejidades se encuentran.

Bajo este contexto, hace doce años se habría escrito el primer borrador de esta historia, de lo que es ahora nuestro primer proyecto de cortometraje de animación; partiendo de los principios del stop motion, ilustración y un émulo digital de la pantalla de agujas, técnica desarrollada gracias a la existencia de la fotografía, en búsqueda de ese mundo elaborado sólo por los atisbos y siluetas que se ofrecen y que nos permiten construir a las personas con los pocos recursos que ellas nos ofrecen a partir de nuestros propios elementos internos, de lo que sí conocemos.

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